by Luciano Raimondi Luciano Raimondi

Si la industria naviera fuera un país, sería el noveno emisor de gases de efecto invernadero del mundo. Lograr su descarbonización cuanto antes es fundamental y los especialistas evalúan distintas alternativas: reducir la velocidad de los buques, utilizar el llamado “hidrógeno verde” y aplicar la tecnología para el regreso de la navegación a vela.

Hablar sobre el impacto del transporte en el cambio climático significa hablar sobre las emisiones de dióxido de carbono que generan los autos, colectivos, camiones y aviones. Y es lógico, estos son los medios de transporte que vemos y utilizamos (y respiramos) con más frecuencia. Pero hay uno muy importante que muchas veces dejamos fuera de la conversación porque no lo vemos: no está ahí cuando salimos a la calle, no lo usamos para ir a trabajar y, sin embargo, transporta más del 90 % de las mercancías que se comercializan en el mundo. Hablamos del transporte marítimo.

Los barcos, buques de carga, buques petroleros, transbordadores de pasajeros y barcos de pesca también emiten millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2), entre otros gases, a la atmósfera cada año. Según el cuarto y último estudio de la Organización Marítima Internacional (OMI), agencia naviera de las Naciones Unidas, presentado en julio de 2020, el transporte marítimo emitió en total 1.056 millones de toneladas de CO2 en 2018, lo que representa casi el 3 % de las emisiones de CO2 antropogénicas globales de todo ese año.

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