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Ante el incremento en los costos de transporte que afecta la competitividad de las mercaderías regionales, el Puerto de Posadas emergió como la alternativa estratégica para el sector exportador.

“En la provincia hay mucha carga y eso demanda, y  con los agresivos que son los costos el exportador está buscando alternativas y hoy el puerto abarata reduce los costos logísticos”, comentó Ricardo Babiak, presidente de la Administración Portuaria de Posadas y Santa ANA (APPSA).

En el marco del reciente acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, las proyecciones de crecimiento para la terminal portuaria son optimistas. El comercio exterior se posicionó como el motor principal de la economía local, ya que no solo incrementó el flujo de divisas, sino que también traccionó la demanda de servicios integrales en toda la provincia.

“El comercio exterior tracciona toda la economía, los productos puestos a buen precio hacen competitivos a nuestros productos y nuestra logística tiene que ver con eso”, añadió Babiak.  Respecto al impacto de los tratados internacionales, señaló que estos convenios favorecieron la inserción de la producción local.

“Siempre que haya un acuerdo para que los productos de Misiones puedan ser instalados de mejor forma en el exterior, incrementa no solamente el comercio exterior, sino todos los servicios”, aseguró Babiak. 

Crecimiento

En apenas tres años, el Puerto de Posadas dejó de ser una promesa para convertirse en un activo estratégico de la economía misionera. Entre 2023 y 2025, el volumen de contenedores movilizados por vía fluvial se multiplicó por cuatro, en un proceso que combina inversión, aprendizaje operativo y una creciente confianza del sector productivo regional.

El dato no es menor: en una provincia históricamente condicionada por los costos logísticos, la consolidación de una salida fluvial regular empieza a modificar ecuaciones económicas que durante décadas parecían inalterables.

El año 2023 marcó el punto de partida operativo del puerto, con 500 contenedores movilizados. Fue una etapa de prueba, con pocos viajes y una operatoria en construcción, pero con un objetivo claro: demostrar que el río Paraná podía volver a ser una vía eficiente para las exportaciones misioneras.

Ese primer volumen permitió validar procesos, ajustar tiempos y comenzar a generar previsibilidad, un factor clave para cualquier operador logístico.

En 2024 llegó el primer salto significativo. El movimiento trepó a 1.650 contenedores, más del triple que el año anterior. El crecimiento se dio, además, en un contexto de menor capacidad de bodega por viaje, lo que obligó a aumentar la cantidad de salidas y a profesionalizar la coordinación logística.

Este cambio fue decisivo: el puerto pasó de una lógica ocasional a un esquema de frecuencia operativa, una condición indispensable para que las empresas incorporen la vía fluvial de manera estable en sus cadenas de exportación.